¿Cómo serán las ciudades del futuro?

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Vivimos tiempos inciertos donde la incertidumbre es la norma.

Podemos –y debemos- planificar para gestionar los retos que ya son patentes pero siempre con la atención puesta en un entorno que cada vez es más cambiante e inestable. En la era del caos climático, la capacidad de adaptación será un factor todavía más al alza para las ciudades del futuro, que además, deberán adaptarse también a algo igualmente problemático pero aún más inmediato en sus efectos: el encarecimiento y progresiva desaparición de las fuentes no renovables de energía (petróleo, carbón, gas, uranio) que actualmente proveen más de un 80% de la energía primaria. Es decir, un poco más de cuatro quintas partes de lo que sostiene nuestros sistemas esenciales, el transporte, la alimentación, etc, depende de unas fuentes de energía que hay que ir dejando en el subsuelo si queremos evitar desestabilizar aún más el clima, y que además, se están agotando rápidamente. El caso de la energía nuclear es muy complejo, pero no podemos apostar por una energía que supone una deuda tremenda para el futuro de las siguientes generaciones que tendrán que gestionar una cantidad enorme de residuos, cada vez con menos energía disponible.

Ante esta situación, tratar de permanecer en el mismo sitio, empecinándonos sin cambiar es simplemente una quimera, y por ello muchas propuestas están surgiendo para transitar a un modelo de ciudad que pueda ser más resistente a esta nueva era. Vamos a analizar algunas de las más prometedoras:

Ciudades 15 minutos:

Resumiendo mucho la propuesta, se trataría de rediseñar las ciudades actuales para que se pueda vivir en ellas de tal manera que sólo se necesiten 15 minutos (andando, en bicicleta o en transporte público) para acceder a las necesidades básicas de cualquier persona. Se distinguen siete funciones básicas que deben ser cumplidas: trabajar, habitar, comprar, servicios de educación, salud y cultura y el descanso en armonía con la naturaleza.

Es una propuesta que surgió de la cabeza del tecnólogo y profesor de la Sorbona, Carlos Moreno. Este francocolombiano es desde hace cinco años consejero especial para Urbanismo de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. La alcaldesa y la ciudad que más empeño están poniendo en la apuesta, aunque otras ciudades como Milan, Melbourne o Barcelona también están buscando modificarse basándose en estos principios.

Ecología, proximidad, solidaridad y participación serían las premisas que se defienden en este modelo, que tiene mucho interés para ciudades grandes que busquen redefinirse y adaptarse ante unos tiempos en los que la descomplejización será en parte inevitable. Esta propuesta busca conseguir que los distintos barrios y vecindarios de las grandes ciudades sean cada vez más autónomos e independientes. Descentralizar los servicios, e incluso la toma de decisiones políticas para que se acerquen a quienes más se ven afectados por ellas. Y para descentralizar y acercar los servicios de proximidad a los diferentes núcleos, también desarrollar la movilidad sostenible para interconectar esas mismas zonas.

Otra parte clave de la propuesta plantea ofrecer alquiler a precios ajenos a la especulación inmobiliaria a proyectos que cumplan con las funciones necesarias. Parece que comenzamos a entender que el mercado no puede solucionar problemas –desigualdad, insostenibilidad, etc- que el mercado mismo ha ayudado a crear.

Ciudades en transición:

Una propuesta más antigua pero que quizá tiene más futuro aún son las ciudades en transición. Surgidas en Reino Unido en los primeros momentos de la crisis económica que comenzó en la primera década del siglo XXI, esta propuesta es radicalmente clara: se definen como una propuesta que busca desintoxicar a las ciudades de Occidente de los combustibles fósiles. Abandonar el petróleo antes de que él nos abandone a nosotros. Los primeros pasos de la idea se dieron en la ciudad inglesa de Totnes, de la mano del permacultor y escritor Rob Hopkins, quien logró diseminar rápidamente la propuesta y para septiembre de 2008 ya eran cientos de pueblos y ciudades reconocidos oficialmente como comunidades de transición en Reino Unido, Irlanda, Canadá, Australia, Italia, Estados Unidos o Chile.

Estas iniciativas suelen apoyarse en precisamente la permacultura, el decrecimiento, las propuestas de alimentación “kilómetro cero” para aumentar la soberanía alimentaria, o las monedas sociales para hacer más sostenibles a esas ciudades ante los escenarios de descenso de la disponibilidad energética que vamos a afrontar en este siglo XXI, y que, por ejemplo, el filósofo, poeta y matemático Jorge Riechmann, ha definido como el Siglo de la Gran Prueba.

Huertos comunitarios, “cafés repair” comunidades intencionales y proyectos de reutilización y reciclaje de residuos son otras de las señas de estos prototipos de ciudades que persiguen una mayor adaptación a los límites.

Lo que se está observando es que esta propuesta está más hecha para funcionar en municipios pequeños o de tamaño medio, a diferencia de la anterior, más diseñada para ciudades grandes. En cualquier caso, estas ideas han ayudado a transformar ya a más de 50 países.

Y hay otras propuestas que podrían ayudar a definir el camino de estas transiciones inevitables. También en 2008, la ideología Solarpunk despegó desde la red y la literatura hacia lo tangible. Pocos años más tarde, en 2014 un investigador de la Universidad de Arizona, Adam Flynn se planteo un manifiesto que definía el movimiento como: un futuro en el que la alta tecnología se pone al servicio de los humanos y el medioambiente”. Esto define la apuesta por los tejados solares y el autoconsumo, pero no solo. También por la energía eólica, el diseño y la arquitectura sostenibles.

Historias como estas, de utopías imaginativas que buscan contrarrestar el supuesto efecto paralizante de las distopías, pueden tener un efecto muy positivo en muchas personas que de otra manera no encontrarían la fuerza para dar los primeros pasos. Aunque si uno mira honesta y fijamente a la dimensión del problema, tal vez necesitemos ambas partes del relato, como declara la antropóloga Yayo Herrero. Una para no dejarnos llevar por el espejismo del progreso y otra para no quedarnos atenazados y sin hacer nada. Bienvenida sea la multiplicidad de propuestas según los contextos. Para resolver problemas complejos necesitamos pensamiento complejo.

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Juan Bordera

Journalist and content creator.

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