LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO: Las asambleas de ciudadanos y la política independiente.

¿Y si hubiera una manera de evolucionar rápidamente el funcionamiento de nuestras democracias, precisamente ahora, que lo necesitamos con urgencia para enfrentar retos que afectan a toda la civilización?

Vivimos en tiempos en los que los partidos políticos apenas son respetados, nos hemos enfrascado en una competición de apoyar a “el-menos-malo” para evitar al “peor” que además acaba por generar posicionamientos irreconciliables, y más que ayudar a construir pueblo y a dialogar, lo que están haciendo las estructuras partidistas suele ser lo contrario, en un momento en el que se necesitan grandes acuerdos para grandes transformaciones que ya no pueden esperar más.

Por si con esto no bastara, la gran mayoría de estos partidos tienen además lazos inquebrantables con las estructuras financieras (grandes bancos y fondos de inversión, los too big to fail) que maniobran y exigen que no se traspasen sus propias líneas rojas, enlenteciendo y corrompiendo el funcionamiento de la democracia. Entre otras cosas porque los partidos normalmente les deben dinero, y por tanto, una cierta obediencia. 

Sin duda ha llegado el momento de buscar alternativas: Aquí os presento dos ya en marcha.

Por un lado tenemos el modelo francés de Asamblea Ciudadana. El país que revolucionó la política hace 250 años lo ha vuelto a hacer, y otra vez, un poco obligado por las circunstancias y por la sociedad civil. Una subida de impuestos mal llamados “verdes” –si no son redistributivos, no son verdes, son de la élite-, provocó malestar y acabó desembocando en una revuelta que tuvo eco internacional, la de los Chalecos Amarillos (Gilets Jaunes) contra  el presidente Macron. Éste se vio obligado a reaccionar y convocó la llamada Convención Ciudadana por el Clima. 

Debió pensar, si no os gustan mis medidas a ver qué proponéis vosotros. El resultado ha sido muy interesante: 150 personas elegidas por sorteo, que representaron la diversidad de la población francesa, tomaron 149 medidas tras ser asesorados por expertos climáticos y tras un proceso presencial de deliberación. De esas medidas solo unas pocas han sido implementadas sin cambios, incumpliendo la promesa del propio Macron de aplicarlas “sin filtro”. Lo que demuestra dos cosas: uno, la gente corriente propone medidas mucho más ambiciosas que los partidos políticos, y dos, los partidos políticos tradicionales son una barrera hasta cuando prometen apartarse.

Todo esto al menos ha iniciado un proceso por el cual muchos países del mundo están implementando asambleas similares, y con ello estimulan el debate mediático sobre el asunto más crucial de nuestra generación: ¿cómo hacemos la transición para cambiar el modelo energético y así no cargarnos del todo la estabilidad climática y la biodiversidad? Nuestra civilización depende mucho más de lo que se suele comprender de esos dos factores cruciales.

Aún así, hay que ser justos, el proceso no es perfecto por una simple razón: Vivimos en los tiempos de la infoxicación, de las fake news y los bulos. Suiza por ejemplo ha rechazado recientemente en referéndum popular la nueva Ley del Clima. Y lo ha hecho en gran parte por las campañas mediáticas hechas desde los grandes poderes económicos que –oh, sorpresa-, controlan los grandes medios de comunicación.

Tal vez no haya otro camino que recuperar al mismo tiempo que un cierto control político, un cierto control sobre los medios de comunicación.

Desinformar continuamente no puede ser legal. De lo contrario nos exponemos a que se sigan lanzando propuestas y reformas que, por muy bien informados y asesorados que estén los representantes elegidos por sorteo, no sean aceptadas luego por la propia sociedad, al percibir erróneamente que juegan en su contra por el lavado de cerebro previo. Cuando, sin duda, no hay nada más en contra del pueblo que seguir con este sistema como si no pasara nada. 

Hace unos días la Asociacion de Prensa Francesa (AFP) ha difundido en exclusiva un borrador del que será el sexto informe del IPCC –el organismo científico encargado de evaluar el estado de los ecosistemas y el cambio climático-, y las conclusiones son terroríficas. Textualmente habla de que ya hemos perdido el control, es decir, hagamos lo que hagamos, es probable que ya no podamos evitar una escalada hacia lo que los expertos más punteros han denominado Hothouse Earth, un escenario en el que el propio calentamiento ya desatado irá destapando procesos de realimentación, que nos llevarán a una situación en la que “la humanidad no pueda superar lo que se avecina", fin de la cita. Y solo un recordatorio, el IPCC, al funcionar por consensos entre múltiples voces, suele pecar de conservador, por eso los sucesivos informes se han ido corrigiendo siempre a peor.

Sin embargo, eso no significa que esté todo perdido, al contrario, significa que es más urgente que nunca empezar a reaccionar y rápido.

Y por eso os comento la segunda opción, aún más transformadora, pero que no excluye los procesos participativos tipo Asamblea Ciudadana, al revés, se nutre de ellos. También tras un proceso de revuelta en las calles –lo siento, pero es evidente que si no, no nos movemos- en Chile está ocurriendo una pequeña revolución democrática.

En las elecciones constituyentes de hace unas pocas semanas ha habido una sorpresa mayúscula, los viejos partidos han sufrido una derrota histórica y los ganadores han sido principalmente candidaturas independientes entre las que sobresalen mujeres. Y todo ello, tras haber sufrido al ejército en las calles y ver cómo se regaba de dinero a las candidaturas oficialistas de los partidos tradicionales, tratando de acallar en los medios la pequeña revolución que se estaba gestando en las calles. Pero ni así. La nueva constitución será redactada por un 64% de independientes. Entre ellos hay jueces críticos con el sistema, escritores, activistas sociales y medioambientales, periodistas…en definitiva, gente corriente que se había ganado el cariño del pueblo por su honestidad y valentía en los meses previos. El shock en los partidos tradicionales ha sido tremendo, nadie se esperaba este resultado.

En Chile se vive un proceso histórico que puede ser un éxito tremendo si se consigue avanzar en medidas de justicia social. Pero también puede suponer una gran decepción, como ocurrió hace justo medio siglo. No por el proceso, sino porque el poder económico perdedor, temeroso de los cambios, probablemente hará de todo para recuperar su hegemonía. Mucho habrá que vigilar qué ocurre en el país andino, que supuso el inicio del neoliberalismo, antes de las victorias de Thatcher y Reagan. Ojalá sea su tumba. De lo contrario puede ser la nuestra. Seguir los ritmos de la mano invisible y la lógica de los mercados no tiene otro destino que el colapso medioambiental y económico.

Los tiempos están cambiando. (The times they are a changing, guiño a la canción de Dylan).

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