Reducir la desigualdad económica para evitar el colapso

Todos hemos oído alguna vez eso de “el dinero atrae al dinero” o alguna expresión similar. Y es cierto. Además de tremendamente injusto. En teoría de dinámica de sistemas –un campo cada vez más crucial para navegar nuestro complejo mundo- esta tendencia tiene hasta un nombre: “éxito para los ya exitosos”. 

Es fácil de comprender. Si tienes una posición económica ventajosa de partida es mucho más fácil que puedas acceder a oportunidades educativas mejores y a contactos provechosos, a medio plazo esto te abrirá puertas de mejores oportunidades laborales, y a la larga a grandes beneficios económicos. Por eso son tan importantes – e insuficientes - las becas y ayudas a los no tan favorecidos. Ayudan a corregir un desequilibrio que, como veremos, es muy peligroso para todos los miembros de una sociedad. Quizá por eso nos gusta tanto el relato del hombre hecho desde abajo, porque nos parece una heroicidad. Algo que no suele ocurrir. Algo que rompe una suerte de regla no escrita.

Pero todo esto además es importante por otros motivos. Un modelo de dinámica de sistemas muy conocido –quizá el que más–, el desarrollado por el matrimonio Meadows y otros miembros del MIT de Massachusetts hace justo 50 años sirvió para evidenciar que estábamos empezando a chocar contra los límites del planeta. Algo que ahora es cada vez más evidente para cualquiera que no quiera hacerse trampas al solitario. Hace unos pocos años, otro de esos modelos – el HANDY (Human And Nature DYnamics) – demostró que la desigualdad es uno de los factores principales a la hora de provocar que las sociedades acaben colapsando por falta de cohesión, incapaces de enfrentar conjuntamente los retos a los que se enfrentan.

Esto también es muy fácil de comprender.

Una sociedad desigual tiende a la polarización, a la falta de ayuda entre sus miembros, a la desconfianza incluso entre semejantes. Al conflicto o directamente a la guerra entre tribus o países. Una sociedad desigual produce élites que viven desconectadas de la realidad, aisladas, en burbujas de privilegio que imposibilitan que atiendan, siquiera que escuchen, las alarmas que suenan por todas partes. Nadie se preocupa por el fin de la energía barata o el caos climático si está continuamente a bordo de un yate.

Además, por el otro lado, la desigualdad hace que las capas menos favorecidas sientan que no son parte del mundo que se merecen, y con razón. Difícilmente le puedes pedir renuncias a alguien que llega justo a fin de mes mientras algunos –los Musk, Bezos del mundo- dilapidan y contaminan en unos minutos con sus vuelos espaciales lo que ellos contaminarán en toda su vida. 

Existe además eso que el sociólogo Thorstein Veblen llamó consumo ostentatorio. Algunos bienes que compramos no tienen una utilidad clara, vienen a responder a una necesidad de búsqueda de estatus. Por eso también es crucial reducir la brecha, porque si no, la élite, que sirve de modelo generalmente a la sociedad, producirá una sensación de creciente insatisfacción, ayudando a que este fenómeno de comprar cosas superfluas sea cada vez más y más grande. Algo que, como probablemente habrás imaginado, es justo lo que necesitamos dejar de hacer en los tiempos de emergencias climática y energética que ya estamos viviendo.

Imagina la cantidad de fondos que habría disponibles para la transición energética y climática si las grandes fortunas pagaran lo que les corresponde.

Entonces, ¿Qué opciones tendríamos para tratar de arreglar este problemón? Son muchas y muy diversas, todas pueden coexistir y sumar.

-Impuestos elevados a las grandes fortunas: en los años 30, tras el crack de la bolsa de 1929, bajo el mandato de Roosevelt se les puso una tasa de más del 90% en Estados Unidos. Es lo que se conoce como New Deal. Por eso se habla ahora tanto de Green New Deal. Una propuesta con peligro de caer en el inmovilismo y el tecno-optimismo si no recupera lo que realmente importaba, las tasas elevadas para reducir la desigualdad.

-Reducción de la jornada laboral sin reducción salarial: quizá esta sea una de las medidas más importantes. Trabajamos las mismas horas que hace 100 años, cuando la productividad se ha multiplicado exponencialmente. Alguien, y no las capas bajas y medias, ha salido muy beneficiado de ello. Por eso, jornadas de 32 horas, preferentemente de 4 días. 

-Recetas de trabajo garantizado y rentas básicas: Según contextos sociales y económicos concretos se pueden buscar más unas u otras. Resumidamente, en ambas se buscaría garantizar un mínimo de calidad de vida a las personas, para que así no se vean obligadas a producir. Es sin duda el exceso de producción lo que nos está llevando a sobrepasar los límites energéticos y climáticos.

-Salarios máximos: Otra propuesta imprescindible. Imponer que el CEO o presidente no pueda ganar más que –por ejemplo- 10, 20 veces más que el empleado que menos cobra. Estas cifras con salarios mínimos como los actuales suponen mucho más que lo realmente necesario para vivir. Necesitamos vivir más simplemente para que otros puedan, simplemente, vivir.

Y hay muchas más…

Muchas culturas han intuido que había que actuar contra esta tendencia que favorece la desigualdad y que fractura a las sociedades. Que los budistas tengan rituales de desapego de lo material, o que algunas tribus del Noroeste de los Estados Unidades como el Potlach, no es casualidad.

¿Qué qué es eso del Potlach? Es una ceremonia en la que los jefes de la tribu, los más ricos, regalaban parte de sus posesiones. Restaurando un cierto equilibrio que quizá intuían que les favorecía. Por supuesto había otros factores en esos rituales, como ganarse el respeto de los otros clanes, pero el motivo por el que esta tradición funcionaba en muchas culturas es porque antes de caer en el individualismo dominante, sabíamos que nuestro destino era común. Cuando tu supervivencia dependía de que al resto de tu pueblo le fuese bien, era más fácil cooperar. Quizá ahora con la emergencia climática va tocando entender que somos solo un pueblo otra vez. Que toca hacer un Potlach global, y rápido, a ver cómo de bien logramos encarar los retos que tenemos por delante. Retos que van a exigir toda la generosidad de la que seamos capaces.

01 agosto 2022 —
Etiquetas: filtro-society

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