VIVA LA DIVERSIDAD

>>> 3 minutos

Últimamente están proliferando discursos (e incluso libros) anti-diversidad,

como denunciando que hay que tener cuidado con ella, que el sistema la usa para distraernos en pequeñeces que nos entretienen y no nos dejan reaccionar a los verdaderos problemas. Que incluso existe una Trampa de la Diversidad, llegan a decir algunos.

Quizá los que lanzan esos discursos no son conscientes del efecto que tienen las palabras que eligen pronunciar. Que vivimos en sociedades donde las conquistas sociales, de derechos para minorías o sectores desfavorecidos, son extremadamente volátiles, llevan relativamente poco tiempo, y pueden retroceder muy fácilmente. La distopía para las mujeres de Margaret Atwood: The Handmaid’s Tale  las agresiones continuas para los LGTBIQ+. -tan horrible como probable- ya está teniendo lugar a pequeña escala, si miramos hacia Hungría, Polonia o Brasil, en realidad el retroceso. Y es crucial evitar su avance.

Asegurar esos derechos que han costado siglos de sangre y lágrimas, y que en medio mundo siguen siendo solo un sueño para aquellas personas que viven una pesadilla diaria por pretender ser quienes son. Es tan necesario como avanzar en mitigar la desigualdad, que, casualidades de la diversidad, suele cebarse más con las mujeres o las minorías.

Un discurso anti-diversidad, difícilmente podrá servir a nadie mejor que al movimiento reaccionario internacional – el promovido en sus inicios por Steve Bannon- que busca excusas para no solo retroceder, sino si fuera posible devolvernos a una suerte de Medievo moral en cuanto a derechos y libertades se refiere, para las mujeres, las minorías o las luchas ecologistas. Porque son exactamente ésas las posiciones que se suelen tildar de demasiado diversas, o posmodernas, usando estos términos siempre como despectivos. Y una cosa curiosa es que quienes suelen defender esas posiciones anti diversidad suelen tener opiniones favorables hacia países que reprimen esos derechos conquistados en el malvado y posmoderno Occidente. Ironic mode on.

Que la diversidad es necesaria, deseable y sinónimo de vida lo puede entender cualquiera si piensa, por ejemplo, en la importancia de la bio-diversidad.

Tan evidente ahora con una pandemia que, sin duda, viene alimentada por la presión que ejerce sobre los ecosistemas y las diferentes especies que habitan el planeta, nuestro sistema económico basado en el crecimiento perpetuo en un planeta finito. Tener fe en que eso puede funcionar a medio plazo, es peor que creer en el Tercer Secreto de Fátima. Al menos esos hacen menos daño. 

En los últimos 50 años, según el “Living Planet Report” de WWF de 2020, hemos liquidado nada menos que el 68% de todos los individuos vertebrados del mundo: mamíferos, pájaros, peces, anfibios y reptiles. Una masacre gigantesca en solo 50 años. Todo en el nombre del progreso y el crecimiento. No queda muy claro hacia dónde estamos “progresando” realmente. O quizá sí, pero esa opinión aún no es lo suficientemente mayoritaria como para conseguir potenciar  políticas que detengan la masacre. En el fondo, el medio ambiente o la naturaleza siguen siendo vistos como algo externo, cuando no hay nada más cierto que estás tan sano como lo que comes y tan limpio como lo que bebes. 

Un estudio reciente cerca de la ciudad de Roma encontró microplásticos en las placentas, sí, placentas, de la mayoría de las futuras madres del estudio.

El futuro, si no cambiamos nuestras costumbres de desprecio hacia los ecosistemas que uno puede ver en los ríos, carreteras y parques de la “civilización”, es que éstos ineludiblemente acaben “despreciándonos a nosotros”, placentas incluidas. Es la consecuencia lógica, todo está conectado.

 Según otro estudio reciente publicado en Nature, la tasa de extinción de especies en algunos grupos supera a la de la última extinción masiva, la del cretácico. Y los efectos permanecerán durante millones de años. De seguir a este ritmo estaremos progresando sí, pero a largo plazo hacia nuestra propia extinción, como denuncian muchos científicos y movimientos sociales. 

Y hay otros muchos ejemplos en temas cruciales que evidencian que la diversidad no solo no es mala, sino todo lo contrario.

En economía, por ejemplo, es evidente que tener una diversidad de monedas –que puede incluir monedas sociales, locales o criptomonedas (solo si estas últimas son de baja huella ecológica)- puede ayudar a transitar mejor períodos de crisis, que si se depende solo de una, que puede ser más frágil, y si falla, pues te quedas sin alternativas.

Otro ejemplo donde la diversidad suele ser beneficiosa es en la política, la inteligencia colectiva trabaja mejor en ambientes donde se toleran, y hasta se promueven, todo tipo de opiniones y posicionamientos. Si se busca reducir esa diversidad, lo más probable es que a la larga se caiga en un cierto tipo de totalitarismo. Precisamente porque se genera una suerte de inercia de control sobre la disidencia, que inevitablemente llevará a medidas punitivas para con las personas “diversas en exceso”. Un buen ejemplo de política positiva basada en la diversidad lo tenemos en Chile, donde los representantes independientes no adscritos a ningún partido van a dar forma a la nueva constitución.   

Cabría pensar entonces: Lo contrario de diverso es homogéneo, si la diversidad suele ser buena, por lo tanto, ¿es la homogeneidad siempre mala?

No necesariamente. En algunos casos la realidad es más compleja que un simple dualismo, una elección entre dos posturas antagónicas –es de ese tipo de pensamiento maniqueo y simplista del que tenemos que huir. Ese tipo de lógicas son las que te llevan a tolerar cualquier decisión estúpida del presidente de turno, ya sea Putin, Biden, Lukashenko, Boris Johnson u el protodictador hungaro Orbán, simplemente porque coincide con algunas de tus otras ideas. Vivimos en los tiempos más complejos de la historia, nuestros razonamientos no pueden ser simples.

Por ejemplo, la homogeneidad de las ideas antirracistas sería deseable, o la homogeneidad de respetar más los ecosistemas que nos sostienen, o la certeza de que el capitalismo –o cualquier otro sistema que pretenda crecer eternamente- no nos sirve para las próximas etapas del desarrollo humano y del resto de las especies. En ejemplos así, donde seamos capaces de ver un camino que indudablemente es el correcto, lo deseable es la unidad.  

Amigxs, la diversidad es un hecho, y es un hecho positivo. Asúmanlo. Y aprovéchala. Mientras nos dure.

About the Author

Juan Bordera

Journalist and content creator.

Dejar un comentario